Sobre Adri Gómez
Adriana Gómez Rivera nació el 28 de agosto de 1983. Su pasión por la escritura la remonta a su infancia, cuando a temprana edad inició a escribir cartas y poemas a su primer amor, su madre.
Luego de cumplir sus 30 años, y consciente de encontrarse viviendo una vida con muchas más preguntas que respuestas, decide iniciar una búsqueda por encontrar un mayor desarrollo desde su esencia espiritual. Es en esta búsqueda que empieza a entender que tras cada experiencia de vida existe un propósito mayor.
Una de sus principales filosofías de vida: “Todos vivimos de historias, esas historias no nos pertenecen.
La mayoría de ellas merece y necesita ser contada para beneficio y crecimiento de muchos…”, la llevó a comprometerse con su pasión de niña, encontrando dentro de la escritura la mayor de las herramientas de sanación y la mejor forma para compartir con otros sus principales reflexiones y aprendizajes de vida.
Luego de haberse formado como sanadora y lectora intuitiva, Adri decide tras enfrentar su propio proceso de divorcio, crear esta historia convertida en novela como una herramienta de sanación para otras, exponiendo a través de Sara, la protagonista de la historia, lo que fueran sus propias vivencias, reflexiones y aprendizajes que la llevaron a un completo proceso de crecimiento y transformación.
Lo que me llevó a escribir
Siempre he pensado que la vida entre otras cosas es como un lienzo que, al parecer se te entrega en blanco, en el que sin embargo, ya para cuando tomas consciencia de tu lienzo en blanco, otros han transitado por él dejando las huellas de sus pies o sus manos.
Algunos avanzamos por la vida y encontramos una forma particular de marcar nuestras huellas en el lienzo en blanco. Y surgen inevitablemente esos instantes de miedo rotundo al dejar huellas inborrables como aquellas que entre detergente y quita manchas, hemos intentado desaparecer porque alguien más las dejó en nuestro lienzo en blanco.
Hace unos días tomaba consciencia acerca de mí primer sueño de escritora. Reconozco que el primero de ellos fue justo ese «ser escritora». Y es que, cuando te sientes en alguna forma mínima de ventaja en algo que aparentemente haces tan solo un tanto mejor o más natural que otros, el esperable es que sueñes con despertar «profesionalmente» esa capacidad convertida ahora en sueño.
Yo esperé más o menos 25 años, para descubrir que ese primer sueño lo cumplí cuando tenía alrededor de los 7 años, pues sin duda alguna como lo dicen algunas de mis escritoras favoritas «escritor es simplemente aquel que escribe».
Lo cierto es que cuando dejé de ver el escribir como es sueño a cumplir, me fui de a poco permitiendo dar rienda suelta de manera más consciente a esto que se me daba con cierta naturalidad.
Pasa con esto que, cuando decides dar rienda suelta a eso que otros miran como «un arte» «un talento» «un don», el esperable siempre que comienzas a desarrollarte en esto, es que lo hagas justo por eso, «porque tienes un don» «porque es la forma de expresión de una pasión que transita con cierta euforia tus venas».
Mi verdad acerca de la razón por la que inicié a escribir realmente se resume en una frase «SENTIDO DE SUPERVIVENCIA» ¿qué cómo así?. Verás, en diversas etapas de mi vida en las que, he sentido no lograr manejar el debate interno entre mis pensamientos, mis emociones y la forma en la que, se espera que reaccione ante el mundo, la escritura ha sido mi sitio seguro, mi bote salvavidas, mi compañera inigualable.
Desde que dije si a esta casi inseparable compañera, no recuerdo un momento emocional intenso en el que al menos una que otra letra haya salido desbordada de entre mis dedos para plasmar hacía afuera el huracán que, muchas veces se debate en la aglomeración de mí mundo interno.
Es en la escritura donde mis pensamientos encuentran un orden, el mar tormentoso de mis emociones coinciden con la calma y la voz mas pura y noble de mi ser, encuentra un camino y lenguaje para mostrarme el sentido de tanto que vivo y que parece aveces confuso e incomprensible.
A la escritura le debo ser un poco mas cuerda de lo que sería sin su existencia en mi vida, encontrar respuestas en donde no las hallaría nunca y consuelo cuando me siento desfallecer, cuando el ritmo de la vida deja de parecerse a la canción que quisiera bailar.
Es por eso que cuando enfrenté todo mi proceso de duelo a raíz de un divorcio y los movimientos internos que se gestaron para llegar a esa decisión en la búsqueda de ser más yo, escribí «Ya no puedo dejar de ser yo para estar contigo».
No escribí realmente ese libro de manera inicial para publicarlo, para mostrar fibras sensibles de mis vivencias a otras, ni siquiera con un afán claro de ayudar a través de mí historia.
La verdad es que lo escribí porque, como otras tantas veces de vida interna, necesitaba sacar lo que no entendía desde adentro, empezar a narrar la historia que vivía como si no fuera mía, para que así mirándola cómo de otra la sanación, el alivio y el consuelo que buscaba llegara y se posara en mí regazo con mirada tierna y abrazo sincero.